Cuántos datos creamos?

Analizamos el vertiginoso crecimiento de los volúmenes de datos globales, explorando qué significa realmente generar 2.5 quintillones de bytes al día. Una profundización sobre infraestructuras, costes ocultos y la gestión crítica de la información en la era de la hiperproducción digital.

Ene 9, 2026 - 22:09
Ene 14, 2026 - 15:43
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Cuántos datos creamos?
Infraestructura real de los datos digitales, donde almacenamiento, calor y energía revelan el peso físico de la información.

Cuando observamos los monitores de nuestros centros de control en GoBooksy, no vemos simplemente números que corren, sino un flujo ininterrumpido de actividad humana y mecánica que se traduce en peso digital. La cifra a menudo citada de 2.5 quintillones de bytes generados cada día es difícil de visualizar para la mente humana, pero para nosotros que gestionamos infraestructuras, este número tiene una consistencia física muy precisa. Significa calor disipado por los servidores, demanda energética creciente y la necesidad continua de expandir espacios de almacenamiento que se llenan a una velocidad que no tiene precedentes en la historia de la tecnología.

El dato más impactante no es tanto el volumen actual, sino la rapidez con la que hemos llegado aquí. Saber que el 90% de todos los datos existentes en el mundo hoy ha sido creado solamente en los últimos dos años nos obliga a revisar completamente nuestro enfoque en el diseño de sistemas. No estamos asistiendo a un crecimiento lineal, sino a una explosión exponencial que deja obsoletos los viejos paradigmas de conservación. En nuestros proyectos diarios notamos cómo la planificación del almacenamiento, que antes se hacía sobre una base anual, ahora requiere una flexibilidad casi mensual para no arriesgar el colapso de los recursos disponibles.

A menudo se comete el error de pensar que esta mole de datos proviene exclusivamente de las acciones conscientes de los usuarios, como el envío de correos electrónicos, la carga de vídeos en 4K o las interacciones en redes sociales. La realidad operativa que enfrentamos en GoBooksy nos cuenta una historia diferente. Una porción enorme de estos quintillones de bytes es generada por las máquinas que hablan con otras máquinas. Los sensores IoT industriales, los registros de sistema que graban cada micro-evento en un servidor, las copias de seguridad automatizadas y los metadatos ocultos detrás de cada archivo constituyen un "ruido de fondo" ensordecedor y voluminoso. Este tráfico invisible es esencial para el funcionamiento de la red moderna, pero ocupa espacio real en discos reales, planteando desafíos enormes en términos de indexación y recuperación de la información.

La consecuencia directa de esta hiperproducción es el fenómeno que observamos cada vez más a menudo en las empresas con las que colaboramos: la acumulación de "Dark Data". Se trata de información que se recopila, procesa y archiva, pero que nunca más será utilizada para fines estratégicos o de toma de decisiones. Mantener vivos estos datos tiene un coste económico y ambiental elevado. Vemos infraestructuras ralentizadas por terabytes de archivos duplicados u obsoletos, que complican las operaciones de respaldo y hacen que los sistemas sean menos reactivos. El desafío actual ya no es cómo almacenarlo todo, sino entender qué tiene valor y qué puede dejarse ir.

El impacto de esta aceleración se refleja también en la seguridad y la privacidad. Cuantos más datos se crean, más amplia se vuelve la superficie de ataque y más compleja la gestión del cumplimiento normativo. Cada byte generado conlleva una responsabilidad de tutela. En los flujos de trabajo que estructuramos en GoBooksy, la atención se ha desplazado de la simple capacidad de acumulación a la inteligencia en la gestión del ciclo de vida del dato. No basta con tener espacio infinito en la nube; se necesita la capacidad de gobernar la información, distinguiendo la señal útil del ruido de fondo que atasca las autopistas digitales.

Debemos empezar a considerar la producción de datos no como un recurso infinito y gratuito, sino como una materia que tiene un peso específico. La facilidad con la que creamos contenidos digitales nos ha desacostumbrado a reflexionar sobre su impacto a largo plazo. Cada vez que un sistema automatizado guarda una versión de un archivo o un usuario sincroniza un dispositivo, se activa una cadena de procesos físicos y energéticos complejos. Comprender la escala real de estos 2.5 quintillones de bytes diarios es el primer paso para pasar de una cultura de acumulación indiscriminada a una estrategia de eficiencia digital, donde la calidad de la información prevalezca finalmente sobre su desmesurada cantidad.